De tiempo en tiempo, el amodorrado ogro del racismo y la segregación
literaria −acunado por decenios de hipócritas cantinelas progresistas,
libertarias y hasta demócratas− despierta, intranquilo, de su frágil y elevado
ensueño. En cuanto un grupo de autores inéditos toma la palabra, se pueden
escuchar los implacables y encrespados gruñidos del monstruo separatista que
−entre el trastorno y el delirio senil− se pregunta, inquieto: “¿Y esos? ¿A qué
vienen? ¿Qué desean expresar, qué pretenden escribir? ¿Bajo qué auspicios
llegan a esta, mi casa? ¿Cuál es su profecía? ¿A qué tanto estrépito? ¿No
perciben que, a esta hora de mi vida, me encuentro rancio y fatigado? ¡Se ven
muy insolentes! ¿Será por efecto de su lozanía? ¿Ay, qué fermentado demonio los
patrocinará? ¿Tendrán suficientes títulos para hablar en ese tono tan franco y
soberano? ¿Acudirían a prestigiosos liceos? ¡Que me expongan todos, uno a uno,
sus credenciales! ¿Estarán dispuestos a seguir mis celebérrimos pasos?
¿Aceptarían, sin más, adorarme como a su providencia? De ser el caso, ofrezco cuantiosos
estímulos y galardones. ¡Como sea, me encuentro inquieto! ¡Debo tomar mis
prevenciones! ¿Cómo es que reza esa inscripción que cierto día –creo que ya hace
un siglo− mandé grabar sobre mi inmortal asiento imperial? ¡Demontre! Mis ojos
están tan reventados que apenas puedo entreverla: «El que ansía
fama y no destripa a Bokassa y no degüella a cada hijo −y a cada posible
heredero− de Bokassa sólo por un efímero tiempo logrará mantener su imperio.» ¡Una vez más, como
en aquél entonces, me asiste toda la razón! ¡Debo eternizar, a todo trance, mi
noble y poderoso y amado caudillaje! ¡El caso es que ya no conservo un solo
diente sano! ¡Ya no me resulta tan fácil ejercer la antropofagia! ¡De cualquier
modo, me aseguraré de que esos velados escritorzuelos se chamusquen –y después
se pierdan todos− en el infierno del anonimato!”
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lunes, 11 de junio de 2012
El ogro de la literatura
De tiempo en tiempo, el amodorrado ogro del racismo y la segregación
literaria −acunado por decenios de hipócritas cantinelas progresistas,
libertarias y hasta demócratas− despierta, intranquilo, de su frágil y elevado
ensueño. En cuanto un grupo de autores inéditos toma la palabra, se pueden
escuchar los implacables y encrespados gruñidos del monstruo separatista que
−entre el trastorno y el delirio senil− se pregunta, inquieto: “¿Y esos? ¿A qué
vienen? ¿Qué desean expresar, qué pretenden escribir? ¿Bajo qué auspicios
llegan a esta, mi casa? ¿Cuál es su profecía? ¿A qué tanto estrépito? ¿No
perciben que, a esta hora de mi vida, me encuentro rancio y fatigado? ¡Se ven
muy insolentes! ¿Será por efecto de su lozanía? ¿Ay, qué fermentado demonio los
patrocinará? ¿Tendrán suficientes títulos para hablar en ese tono tan franco y
soberano? ¿Acudirían a prestigiosos liceos? ¡Que me expongan todos, uno a uno,
sus credenciales! ¿Estarán dispuestos a seguir mis celebérrimos pasos?
¿Aceptarían, sin más, adorarme como a su providencia? De ser el caso, ofrezco cuantiosos
estímulos y galardones. ¡Como sea, me encuentro inquieto! ¡Debo tomar mis
prevenciones! ¿Cómo es que reza esa inscripción que cierto día –creo que ya hace
un siglo− mandé grabar sobre mi inmortal asiento imperial? ¡Demontre! Mis ojos
están tan reventados que apenas puedo entreverla: «El que ansía
fama y no destripa a Bokassa y no degüella a cada hijo −y a cada posible
heredero− de Bokassa sólo por un efímero tiempo logrará mantener su imperio.» ¡Una vez más, como
en aquél entonces, me asiste toda la razón! ¡Debo eternizar, a todo trance, mi
noble y poderoso y amado caudillaje! ¡El caso es que ya no conservo un solo
diente sano! ¡Ya no me resulta tan fácil ejercer la antropofagia! ¡De cualquier
modo, me aseguraré de que esos velados escritorzuelos se chamusquen –y después
se pierdan todos− en el infierno del anonimato!” sábado, 19 de febrero de 2011
Certezas del poeta
1
El poeta es un experto catador: cuando prueba un nuevo verso, frunce su labio inferior de orangután.
El poeta es un experto catador: cuando prueba un nuevo verso, frunce su labio inferior de orangután.
2
El poeta -¿quién lo dijera?- no tiene musa. En todo caso, para hallar la sugestión, ha contratado a un enano para que baile dentro del ardiente sol de su cabeza.
martes, 15 de febrero de 2011
El desempleo y la literatura
La crisis laboral -de alguna forma que todavía resulta indescifrable- ha impactado positivamente en las letras nacionales. Ante la imposibilidad de mantenerse por más tiempo en sus empleos, un nutrido grupo de ociosos ha decidido emigrar hacia la narrativa, la dramaturgia e, incluso, la poesía. Luego de las destituciones masivas, se nos han revelado nuevos e insospechados artistas. Forzados por la suspensión y la inactividad -aquí y allá- han brotado nuevos talentos.
martes, 8 de febrero de 2011
Las estatuas y la mendicidad
Nuestro país está colmado de estatuas. Aquí y allá -en una plaza, en una glorieta, en un camellón, en un quiosco, en una bocacalle- nos cierran el paso bustos homéricos y efigies colosales. No tengo magisterio -ni dispongo de tan buena formación- para responder por qué en México producimos tal cantidad de próceres. Una cosa es cierta: nos encontramos ante un reflorecimiento de la heroicidad.
domingo, 6 de febrero de 2011
Sobre el éxito literario
En la extravagante comunidad literaria, cuando deseamos enaltecer sinceramente a un autor, vamos y lo sepultamos. Hay que oír los panegíricos que se suscitan frente al cadáver. Un prosista muerto -no importa que haya redactado insufribles obras de tercera o de cuarta- adquiere mucho más prestigio y relevancia que un novelista vivo que haya escrito obras de mayor calidad. En otras palabras: para conseguir el respeto y la deferencia de sus lectores, el escritor -antes de atarearse buscando estilo y originalidad- tiene que pensar en cómo ha de hacer para morirse primero.
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